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Celebración del 5 de junio

El 15 de diciembre de 1972, la Asamblea General de la ONU designó el cinco de junio como Día Mundial del Medio Ambiente. Desde 1973 se celebra entonces, cada año este día, iniciativa que dio inicio a la Conferencia de Estocolmo, Suecia, cuyo tema central fue el Ambiente. Ese mismo día, la Asamblea General de la ONU aprobó la creación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Este día ha devenido en un medio para la sensibilización de la opinión mundial en relación a temas ambientales, intensificando la atención y la acción política. Los objetivos principales son darle un contexto humano, motivando a las personas para que se conviertan en agentes activos del desarrollo sustentable y equitativo; promover el papel fundamental de las comunidades en el cambio de actitud hacia temas ambientales, y fomentar la cooperación, pues ésta garantizará que todas las naciones y personas disfruten de un futuro más próspero y seguro. Es además, un suceso multimedial que lleva a periodistas a escribir y hacer reportajes críticos acerca del ambiente. Documentales televisivos, exhibiciones fotográficas, eventos intelectuales como seminarios, mesas redondas, conferencias, sólo por nombrar algunos. En muchos países esta celebración es una oportunidad de firmar o ratificar convenios internacionales y, algunas veces, establece estructuras gubernamentales permanentes relacionadas con el manejo ambiental y la planificación económica.

Esta celebración por el 5 de junio debe ser reflejo de la integración que hay hoy al interior universitario. Involucrar a todos más que estrategia es necesidad. Debemos darle un pensamiento a la estrategia universitaria de medioambiente para garantizar la acción y cooperación de todos y entre todos, en un campo de acción donde el protagonismo siempre será compartido porque es resposabilidad común. Trabajar las diferentes dimensiones de lo ambiental en el ámbito académico debe ocuparnos; también hay que garantizar que en cada una de las áreas se implemente el programa de atención a la contaminación y fuentes contaminantes.

La Universidad de Oriente se ha caracterizado por el impacto ambiental de sus investigaciones, no obstante tenemos grande retos: por un lado, es necesario desarrollar capacidades de producción que no supongan un gran impacto sobre los recursos naturales y, por otro lado, minimizar los efectos sobre el medio ambiente durante estos procesos productivos y un tercero…la gestión ambiental universitaria debe ser espejo de lo que hacemos extramuros.

Nuestras actividades centrales serán:

Taller ” La Universidad de Oriente por una cultura ambiental para el desarrollo sostenible local”, Lunes 6 de junio, a las 2PM. en el Aula de Física de la UO.

Jueves 2 de junio, a partir de las 9.00 am.
Programa con conferencias del CEMZOC, CNEA, CEBI, GERA, CEEFE y CER.

Exposición durante los días 2 y 3, en el local de exposiciones de la FCO, a la entrada de la Sede Mella. “Especies raras y amanenazadas de la diversidad biológica cubana”

Taller … Compartiendo experiencias …. con participación estudiantil.

Estas entre ortras actividades serán publicacdas en La Tablilla.

Les convocamos a participar TODOS en esta iniciativa.

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A propósito del año internacional de los bosques…

Investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) han desarrollado un software que permite generar mapas con los que se mejora el conocimiento de la evolución de los bosques, cómo cambia su estructura y características y su potencial de absorción de CO2.

Puedes leer más en el siguiente enlace

http://www.portalforestal.com/index.php?option=com_content&view=article&id=6012&Itemid=30

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El ordenamiento ambiental en el ámbito universitario

(Texto basado en una entrevista que me hiciera el pasado año el Lic. Yesey Pérez)

No me gusta referirme al ordenamiento ambiental cuando hablamos de un espacio ¨rígido¨ con una madurez funcional, que culturalmente impone ciertos frenos a un ordenamiento, entendido último como instrumento esencial para la integración de variables que modulan la dimensión ambiental, en las acciones propias del desarrollo institucional y en general, para el desarrollo, todo lo que implica armonizar la oferta ambiental con la demanda del desarrollo, para darle el matiz de la sostenibilidad a la evolución institucional.

Un ordenamiento incluiría la ocupación del espacio, basado en la identificación de singularidades ambientales; este podría ser un proceso muy complejo y pudiera  traer un caos funcional temporal. Hay zonas que desaparecerían solamente por el concepto de gestión de riesgo. Por esto prefiero hablar de una gestión ambiental responsable y contextualizada en función del desarrollo institucional y del bienestar de los sujetos o actores clave de cada uno de nuestros procesos, considerando soluciones racionales a problemas concretos, en función de lograr un estado deseado que debe ser definido a priori.

La dimensión ambiental de todo proceso de desarrollo debe ser atendida, pasando por una etapa de autorreconocimiento donde se identifiquen los asuntos clave a los que debe dirigirse cualquier iniciativa e gestión. Creo que la gestión ambiental se propondría acciones a más corto plazo, sin excluir elementos de ordenamiento espacial, pues será necesario cambiar estructuras espaciales disfuncionales y rediseñar espacios en función de un uso más responsable.

Hay que atender el “cómo hay que hacer las cosas”. La gestión ambiental universitaria debe atender al conjunto de acciones conducentes al manejo integral del sistema ambiental que nos corresponde atender. La estrategia ha de ser el documento clave que regule y guíe nuestro actuar, con el fin de lograr una adecuada calidad de vida, un desarrollo institucional sin que se comprometa lo ambiental y donde se desarrolle una labor preventiva, encausada a mitigar los problemas ambientales. La estrategia no sólo ha de incluir un plan de acción sino directrices, lineamientos y políticas, que terminan mediando la implementación y que deben ser del dominio de toda la red de actores. Luego viene la proyección de la política ambiental en el espacio, que considera además, las dimensiones socio cultural, económico productiva e institucional; esta es la clave de un verdadero ordenamiento.

Las bases para una estrategia de gestión ambiental de la UO y sus lineamientos no puedan ser mencionados atendiendo a la información que poseemos por inspecciones simples a determinadas áreas, o en determinado momento, sino que necesita un estudio serio y actualizado, que involucre a todos los actores. No obstante, de acuerdo al panorama actual y al status de nuestro espacio, me atrevo a formular los siguientes  lineamientos ambientales:

  1. La creación de una cátedra de estudios y gestoría ambiental que lidere la implementación de la estrategia ambiental en la institución.
  2. El desarrollo del trabajo en red que permita el diseño y ejecución de proyectos interdisciplinares en función de la gestión integrada.
  3. La existencia de un conjunto de regulaciones que amparen la implementación de una estrategia de gestión ambiental en función de la organización institucional.
  4. Una adecuada gestión de residuos, del agua y una gestión energética eficiente, que contribuyan al desarrollo de acciones encaminadas a la descontaminación y/o prevención de la contaminación y al desarrollo de la cultura de la racionalidad.
  5. El rescate y/o construcción de espacios verdes para el desarrollo de actividades conservacionistas y/o de protección, que sean amables y estéticos y constrbuyan a formar una cultura del respecto hacia el medio ambiente.
  6. La realización de un diagnóstico para identificar las problemáticas ambientales y la garantía de dar solución a cada uno de los problemas identificados.
  7. El desarrollo de una estrategia de comunicación efectiva en función de movilizar a la comunidad universitaria hacia una gestión ambiental que sirva de referencia a nivel local y nacional.
  8. La garantía de una acción coordinada de todas las áreas, actores y directivos en función de realizar un adecuado tratamiento al tema ambiental, desde lo curricular hasta la extensión.
  9. El desarrollo de programas intensivos y continuos de concienciación y educación ambiental.
  10. El desarrollo de investigaciones avanzadas en el campo de las Ciencias Ambientales que contribuyan a una gestión ambiental eficiente al interior de la UO y garanticen una proyección adecuada hacia el territorio, con impacto y reconocimiento desde local a internacional.

La dificultad fundamental para lograr el ordenamiento
ambiental de la Universidad…es
lograr una verdadera integración, para ello no basta la voluntad. Hay que estar preparado para trabajar en equipo. Otro aspecto es lograr que desde la VRIP se coordine la implementación de la estrategia ambiental, sin que esto sea responsabilidad particular de ningún área, para garantizar una integración real y la acción coordinada de todos los actores. Una contribución positiva es la creación de la red de medioambiente de la universidad; lograr que esta sea del todo funcional, es el próximo reto.

El ambiente es responsabilidad compartida, es bien común y por supuesto que no aplica ningún principio de exclusión para identificar actores. Estos podrían clasificarse en función de sus responsabilidades (directas o indirectas) de su participación en cada uno de los procesos universitarios (actores o actores clave), por ejemplo, pero nada de exclusiones; de aquí las ventajas que nos da el poder trabajar en redes.

Hasta la fecha se han realizado acciones limitadas para el ordenamiento del espacio universitario. Hay importantes resultados en materia de medio ambiente, pero queda  mucho por hacer para lograr una verdadera transformación. Sin dudas, hay que proyectar el futuro con una visión ambientalmente responsable.

El excelente comunicador (Lic. Yesey Pérez) me realizó una encuesta que fue la que motivó que compartiera etas ideas en el blog y me hizo una pregunta clave: ¿Cómo sería una Universidad cubana ordenada ambientalmente?

Creo, que en primer lugar hay que atender nuestra misión y función social. Las universidades deben ser instituciones modelo respecto a la gestión ambiental, pues no podemos hacer una gestión de este conocimiento sin ser un verdadero ejemplo, dejaría de ser una práctica sensata.

En ocasiones tenemos un gran impacto ambiental en las investigaciones que se desarrollan en las universidades y al interior no hay nada que mostrar. Hay que pasar de la simple crítica a la movilización del conocimiento en materia ambiental; hay que convertir nuestro espacio en espejo de lo que hacemos o proponemos, en polígono experimental para implementar ideas innovadoras y responsables. Debemos avanzar hacia la consecución y movilización de un nuevo conocimiento, capaz de proveer a la humanidad de una nueva teoría, de nuevos métodos, de nuevas prácticas ambientales, de nuevas maneras de hacer, muchos más responsables, comprometidas e inmediatas a favor de la urgencia del mejoramiento ambiental del espacio propio, que es donde podemos actuar de forma primaria y repercutir entonces en el entorno en general; todo ello basado en un nuevo paradigma, el del desarrollo sostenible en un nuevo escenario ambiental, que no es una panacea y no podemos desconocerlo.

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¿Puede calcularse el valor de un ecosistema?

Seguimos empeñados en ponerle precio a todo. La tendencia de la Economía Ambiental de valuar los ecosistemas cada día tiene más partidarios. Sin embargo, apelando al sentido común no considero muy atinada la idea de llegar a saber el valor real de un ecosistema, lo que es muy diferente a evaluar y describir los servicios ecológicos que este pudiera brindar y su importancia, lo que lleva un análisis complejo per se y sin dudas, lo cualitativo es relevante. Llevar esto a números no creo que sea precisamente un reto; más bien, un imposible.

A menudo se escucha hablar del capital natural, muchas veces entendido como el patrimonio de recursos naturales que poseemos en una escala espacio temporal definida, o bien puede hacerse referencia al patrimonio natural global… los errores comienzan cuando se intenta dar un valor neto a ese capital. Es muy fácil poner valor a algo tangible o a algún servicio concreto, pero el valor de un río, de un bosque, de una playa, de una bahía, es prácticamente imposible calcularlo. Solamente considerando las dinámica de los procesos naturales y el constante impacto que sufren los ecosistemas debido a las presiones humanas, este valor se alteraría en un período muy corto de tiempo, por lo que no tendría mucho sentido… en términos económicos fijar un costo.

Aún así el proyecto TEEB (The Economics of Ecosystems and Biodiversity) iniciativa amparada por el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas, constituye un intento organizado de evaluación de ecosistemas en el que participan cerca de 250 científicos y colaboran unos 1300 expertos de todo el mundo. Para explicar los objetivos de dicho proyecto Carlos Muñoz, Director General de Investigación en Economía Ambiental del Instituto Nacional de Ecología de México e integrante del TEEB explicó a la BBC que en el norte de México, al norte de la ciudad de Monterrey, hay una cueva en la que vive un millón de murciélagos (…). Los científicos descubrieron que al atardecer, estos mamíferos salen a volar por la zona de Moroleón, donde se cultivan cítricos y otras plantas, y acaban con buena parte de las plagas que dañan estos cultivos. Por esta razón, los agricultores gastan mucho menos en plaguicidas y sus cultivos son más sanos. Apunta que, si por algún motivo esta cueva no se protegiera, se perderían millones de pesos en la región. Y aunque los campesinos notasen las pérdidas, no se darían cuenta de que se debe a la pérdida de biodiversidad. Carlos Muñoz habla del cálculo del valor de reemplazo; uno de los métodos que los investigadores emplean para determinar el valor de un servicio, considerando cuánto costaría reemplazarlo si no estuviese disponible. Sin embargo, este cálculo indirecto del valor de un servicio no daría exactamente el valor de un ecosistema, pues entran a jugar no sólo los servicios ecológicos, sino aspectos subjetivos que quedan en el plano perceptual: la aportación del valor estético, cultural, histórico, y esta integralidad es prácticamente imposible considerarla en un análisis económico. Estamos acostumbrados a simplificarlo todo y tratamos de hablar en un lenguaje común; el del dinero.

Se explica por ejemplo, que si se sabe cuánto cuesta filtrar el agua que abastece a un municipio si se hubiese talado la cuenca, o si se estima cuánto costaría irrigar los cultivos de una zona que ha perdido el glaciar que la alimentaba, se puede calcular el valor del ecosistema que sostiene la vida en una región determinada; y yo insisto… este cálculo jamás daría con el valor real. El gran desafío, es integrar conocimientos en un marco transdisciplinar y por supuesto, las percepciones, y aquí viene otro gran problema: un mismo ecosistema puede tener un valor diferente en dependencia de las personas que le evalúen. Y no me parece raro que exista esta tendencia en medio de la crisis ambiental global; hay quienes pueden ponerle precio a todo desde una perspectiva única y totalizadora.

Otro método para valorar los servicios de los ecosistemas es examinar los costos que genera la pérdida de la biodiversidad y los beneficios que acarrea el mantenerla, lo que constituye otra difícil aproximación. Sin embargo, esta iniciativa tiene en sí, la génesis de todos los problemas ambientales: el hombre se vale de todo aquello que le de beneficios a corto plazo. Todo esto no es más que un reflejo de dos tragedias humanas: la crisis ambiental y la económica que bien podrían resumirse en la llamada crisis de civilización.

Quizás dar valor a los ecosistemas constituye una iniciativa dirigida a quienes toman decisiones, con el objetivo de mejorar acciones de conservación de la biodiversidad y la integridad de los ecosistemas; de aquí que siempre se trate de elaborar una suerte de compendio de herramientas, que lleve a cifras lo que ambientalmente es invaluable. A mi juicio, en esencia este es un artificio para mejorar la percepción de la situación ambiental actual, que siempre va a subestimar el valor real de cualquier ecosistema.

Augustin Berghöfer explica que el proyecto de referencia hará visible lo invisible, pero quizás a expensas de ignorar valoraciones cualitativas que se deben conocer y divulgar. Pienso en el bosque amazónico y en cómo decirles a los que viven allí cuánto vale su ecosistema, calculado por otros. Y si de números se trata…habrá quien pueda pagar para tener posesión absoluta sobre un ecosistema o incluso quien interprete que si paga lo que vale, puede destruirlo.

El bosque amazónico, no sólo juega un papel ecológico fundamental como sumidero de carbono, sino que acuna una biodiversidad extraordinaria y sustenta una población numerosa. Sus servicios son invaluables, y es patrimonio de todos, pero hay un toque espiritual en los que viven en o de él, que jamás podremos tener los que estamos lejos. Aquellos que ignoran las consecuencias de la deforestación sobre la erosión, y el papel ecológico de este bosque, sólo podrán comprender a través de los números (en términos monetarios) que si supuestamente tiene un valor, pagando podrán acceder sin límites a sus bienes y servicios; esto por supuesto, no es nada nuevo.

Un valor monetario concreto, puede desconocer intangibles que rocen aspectos sociales clave como la identidad. ¿Dónde quedarán los valores estéticos, el imaginario de las comunidades, el valor espiritual, artístico, la riqueza del conocimiento ecológico tradicional, lo ancestral? ¿Cómo dar un valor justo que considere a cada uno de estos elementos?

Sin dudas la estrategia ha sido elevar el perfil económico de la biodiversidad y los ecosistemas, como medio para ofrecer herramientas de gestión a quienes elaboran e implementan las políticas ambientales, pero ¡CUIDADO! Al dar un valor monetario a los servicios ambientales de un ecosistema se corre el riesgo de perder el sentido básico de la comunicación, y no creo que eso contribuya a la estabilidad ecológica del planeta. Ponerle precio a un ecosistema es algo así como dar un valor a una madre, a un padre, a un hijo (a), a un amigo (a) o a los ¨servicios¨ que estos nos dan. Aunque la comparación parezca un sinsentido, la esencia es que hay relaciones que mueven una trama tan compleja que no aceptan análisis simples ni reduccionistas.

No es menos cierto que los bienes y servicios que ofrece la naturaleza han sido vistos muy frecuentemente como libres y disponibles a un costo muy pequeño o a ningún costo, y que esto debe cambiar en un plazo muy corto, pues ya el panorama ambiental lo exige, pero no será poniéndole valor a un ecosistema que se conseguirá preservarlo.

No me gusta leer….por ejemplo, que el valor de la absorción de carbono y la capacidad de almacenamiento de las selvas tropicales del mundo está estimado ¨conservadoramente¨ en US$60 mil millones al año y que necesitamos mecanismos financieros imaginativos e incentivos para asignarle a estos recursos un valor real y promover la reinversión en el capital natural, el cual ya hemos sobreutilizado… Tampoco entiendo cuando me explican que un pantano en estado original en un país del norte vale aproximadamente US$6.000 por hectárea y que cuando se seca o altera por utilizarlo para agricultura intensiva, el valor baja a un poco más de US$2.000 por hectárea. O bien que… los manglares en estado original valen US$1.000 por hectárea y una vez que se han limpiado para convertirlos en criaderos de camarón, el valor cae hasta aproximadamente US$200 por hectárea.

Prefiero verlo de otro modo y por eso celebro toda acción que cultive la espiritualidad y el acercamiento a la naturaleza, utilizando la abstracción en otros términos, quizás imaginando lo que había antes, lo que habrá si no somos capaces de conservar y lo que tendremos si somos capaces de actuar de forma sensata. Celebro a los que nos enseñan a respetar otras formas de vida y a entender cuán compleja y hermosa es la trama de la vida.

Pienso entonces en el río Yumurí, un elemento natural destacado, un cañón fluvial único, que traza los límites (por el noreste) entre los municipios de Baracoa y Maisí, y que constituye uno de los sitios más hermosos de la geografía cubana y de mayor biodiversidad y endemismo. Viajo en el recuerdo hasta mi primera expedición; puedo dar fe de que navegué por todo el río con pescadores de la zona. La verdad es que tiene un valor especial para mí, y qué decir entonces, para esos hombres que siempre vivieron allí, y que dependen de este río y aman todo cuanto acuna.  En sus 8,7 kilómetros de extensión hay más de 60 especies de aves, unas nueve especies de anfibios, de ellas ocho endémicas, entre las que destaca la ranita Eleutherodactylus bartonsmithi, exclusiva de Boca de Yumurí y cuatro subespecies de la Polimita picta. Los bosques adyacentes son refugio permanente del mancaperro o como le llaman allí: cocosí (artrópodo conocido también como mil pies), también hay reptiles como el jubito y el lagarto verde (Anolis baracoae) endémico de Baracoa. Bosques que atesoran una flora única: varias especies de helechos, árboles diversos con nombres locales que suenan como música al oído y otros más conocidos: najesí, guaguasí, ocuje, guáramo, ayúa, júcaro, cagüairán, jagüey, cupey; palmas y cocoteros. Y la verdad es que no puedo imaginar un valor para tanta fortuna.

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Plácido y su cubanísima Plegaria a Dios

Lea en la página de Cultura General fragmentos de poemas del poeta cubano Plácido y su Plegaria a Dios

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